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  • Elpidio Pezzella

Un ejemplo de fe solida

Habéis hecho el mal contra mí; pero Dios ha querido que sirva para el bien, para lograr lo que hoy sucede: mantener vivo a un pueblo numeroso.

Génesis 50:20

En medio de las noticias no tan reconfortantes y de la hiperconectividad a la que nos hemos visto catapultados para vivir nuestra espiritualidad durante la pandemia, cada vez son más los fenómenos de estrés mental y físico grave. Nos encontramos ante una novedad para la que no estábamos en absoluto preparados. Un poco como José que, habiendo ido en busca de sus hermanos a los pastos, se encontró primero con un pozo y luego con una caravana de mercaderes con destino a Egipto (Génesis 37). Todos recordamos su salida como siervo en la casa de Potifar y el espectro del cautiverio que se vio obligado a sufrir, pero en todas las circunstancias aparentemente hostiles, Dios estaba a su lado. El ambicioso soñador destaca como ejemplo de fe fuerte, solida.


En psicología, la resiliencia representa la capacidad de un individuo para afrontar un trauma o un periodo difícil y superarlo. En términos más generales, la resiliencia representa la capacidad de doblarse sin romperse, la de mostrar una adaptación positiva del comportamiento ante una adversidad importante. Del latín resilire, que significa "rebotar", el término define la propiedad de ciertos materiales, como los metales, de absorber un choque sin romperse, retomando su forma original. De hecho, la resiliencia se refiere a la flexibilidad y al despliegue de recursos para poder reaccionar ante las circunstancias adversas con fuerza mental y emocional. Jose tiene la capacidad de reaccionar ante cualquier dificultad, o al menos de no dejarse abrumar, sin levantar nunca la bandera blanca. Un buen ejemplo de fe resistente, capaz de hacer fructificar incluso las situaciones más dramáticas. José tiene esa sabiduría que no se deja paralizar por las situaciones adversas y abre nuevos caminos, fruto de la pasión por el sueño de Dios que acompaña sus días. Quién sabe si la sabiduría que requería Salomón no era precisamente la capacidad de ser ingenioso, haciendo malabares con mil peligros, enfrentándose a las dificultades y saliendo siempre fortalecido.


En nuestro estado actual vivimos una condición única y sabemos que las cosas no volverán a ser como antes, al menos no a corto plazo. De ello se desprende que hoy en día todos debemos ser flexibles para adaptarnos a circunstancias que cambian rápidamente, tolerando al mismo tiempo un cierto grado de incertidumbre. La resiliencia se atreve a proponer aprovechar las derrotas, a vivir las heridas como resquicios, aperturas a nuevos horizontes. Como la perla, producida por una lesión en la ostra. Una perla, de hecho, es el resultado de un proceso irritativo: tras la entrada de un cuerpo extraño en su interior, el molusco lo engulle, cubriéndolo hasta formar una perla. Sin la herida, la perla no podría haberse creado. Del mismo modo, no todo lo que nos golpea nos hace daño; al contrario, depende de nosotros tener la capacidad de revestirlo y transformarlo en una perla. Un grano de arena u otro material que se hace brillante y atractivo. Los demás podrán apreciar el resultado, pero sólo tú sabrás qué y cuánto te ha costado.


Bajo la resiliencia tendrá que arder ese amor, más fuerte que cualquier amargura, capaz de borrar, o al menos superar el dolor sufrido. Fue el amor lo que permitió a José, a pesar del mal que había sufrido, poder declarar a los mismos hermanos, que lo habían vendido, que estaba allí y que había vivido todas las desventuras por un propósito divino: "Dios me envió aquí, delante de vosotros, para preservaros posteridad sobre la tierra, y para daros vida por medio de gran liberación" (Génesis 45:7). Todo lo que le había sucedido había marcado ciertamente su vida, pero en su corazón no había madurado ningún resentimiento, a pesar de los numerosos maltratos, sino paciencia, esperanza y resistencia. Al final de la historia, el soñador aprenderá a esperar el tiempo de Dios y a respetar sus caminos. Sólo un corazón temeroso de Dios y lleno de amor por sus seres queridos será capaz de llegar, a pesar de la posición a la que ha llegado, a declarar a los que habían tramado su muerte: "Pero ahora no os entristezcáis, ni os lamentéis de haberme vendido acá; porque per preservación de vida me envió Dios delante de vosotros” (Génesis 45:5). Siempre es una cuestión de tiempo.


Espero que esta breve reflexión nos estimule también a ser coherentes con la fe que profesamos, a ser capaces de comprender cuándo se trata de una situación de estrés y a utilizar los recursos de que disponemos para avanzar en la dirección de la salud y la seguridad. Se necesita astucia y modestia, una dotación sugerida por Jesús (Mateo 10:16) y que a menudo falta en los creyentes, "porque los hijos de este mundo, son mas sagaces en el trato con sus semejantes que los hijos de luz" (Lucas 16:8).



Plan de lectura semanal

Biblia n. 19

03 mayo 1Reyes 14-15; Lucas 22:31-46

04 mayo 1Reyes 16-18; Lucas 22:47-71

05 mayo 1Reyes 19-20; Lucas 23:1-25

06 mayo 1Reyes 21-22; Lucas 23:26-56

07 mayo 2Reyes 1-3; Lucas 24:1-35

08 mayo 2Reyes 4-6; Lucas 24:36-53

09 mayo 2Reyes 7-9; Juan 1:1-28


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