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  • Elpidio Pezzella

Los ojos revelan

Así que, si tu ojo fuere sincero, todo tu cuerpo será luminoso: Mas si tu ojo fuere malo, todo tu cuerpo será tenebroso. Así que, si la lumbre que en ti hay son tinieblas, ¿cuántas serán las mismas tinieblas?

Mateo 6:22-23

Nada más que los ojos pueden revelar lo que esconde el corazón o la mente, y por eso siempre he oído decir que los ojos son el espejo del alma, tal como el maestro Jesús advertía: "La lámpara del cuerpo es el ojo". La experiencia del covid y el uso constante de la máscara protectora, ha concentrado, aunque limitado, la visión del otro exclusivamente en los ojos. Desafortunadamente, me entristeció profundamente notar miradas apagadas, ya no claras, pero que revelan el enorme esfuerzo por ocultar verdades pesadas o incómodas. Muchos otros, en cambio, revelan una condición que necesita atención, curación, liberación. ¿Cómo es posible permanecer indiferente o volverse hacia otro lado en pleno estilo sacerdotal en la parábola del Buen Samaritano? Tiemblo ante la idea de ver algo que otros no ven. Así que espero que sea un grito de alarma del Espíritu. Ciertamente creo que la Escritura conserva toda su capacidad para despojarnos espiritualmente, más allá de nuestra inconsciencia o incapacidad voluntaria. ¿Cómo reaccionar ante las palabras dirigidas al ángel de la iglesia de Laodicea? "Porque tú dices: Yo soy rico, y estoy enriquecido, y no tengo necesidad de ninguna cosa; y no conoces que tú eres un cuitado y miserable y pobre y ciego y desnudo” (Apocalipsis 3:17).


La historia del rey desnudo es sintomática de todo esto. Te lo diré en breve. A un rey le gustaba tanto vestirse que despilfarraba enormes recursos en ropa, sin preocuparse ni por sus soldados ni por el pueblo. En su reinado, un día llegaron dos presuntos sastres que aseguraban poseer un formidable tejido, tan fino y ligero como “tela de araña”. La tela tenía la particularidad de no ser visible para los que no estaban a la altura de su puesto y para los estúpidos. Convencido de que con tal traje podría discernir entre los necios y los inteligentes de su reino, decidió que la tela debía ser tejida para él. Así que les dio mucho dinero a los dos estafadores, para que pudieran hacerle un traje. Pronto se corrió la voz del extraordinario poder de la tela y todos estaban ansiosos por verlo. Quienes tuvieron la oportunidad de verlo no dieron crédito a sus ojos y exclamaron: “¡Espléndido! ¡Extremadamente bello!". Hasta el rey cayó en la innoble pantomima. ¿Cómo admitir que no vio nada? Mejor darse el gusto hasta llevarlo al desfile público, donde desfiló desnudo por las calles de la ciudad, frente a una multitud de ciudadanos que vitoreaban y alababan a gritos su elegancia, sin ver nada: secretamente se sentían culpables de una indignidad no reconocida. Fue un niño quien rompió el hechizo, gritando inocentemente: "¡El rey está desnudo!". No obstante, el soberano siguió impertérrito desfilando como si nada hubiera pasado.


Quién sabe si alguna vez te has encontrado con estafadores que te han vestido con su maldad, o te han dejado engañar y llevarte por caminos de iniquidad, hasta revolcarte en el lodo del pecado. Es posible que hayas podido tejer bordados de falsedad y mentira con tus propias manos. La verdad que es difícil de admitir es que el pecado (en todas sus formas) nos despoja, manifiesta nuestra desnudez como lo hizo con Adán y Eva en el Edén del Génesis. El drama es querer ser tratado como el rey, engañado y engañado para no admitir las propias debilidades, en lugar de esconderlas. Como no soy tejedor de mentiras, intento despertar a los que no se han dado cuenta de que están desnudos. No tengo intención de ridiculizar a nadie, solo quiero que te dejes revestir del amor de Dios, que viene a buscarte al caer la noche. El padre del hijo pródigo manifiesta concretamente la intención divina, abrazando al hijo que consideraba perdido, dijo a sus sirvientes: “Traigan aquí el vestido más hermoso y vístanlo, pónganle un anillo en el dedo y sandalias en sus pies". Déjate revestir de Su amor. Nuestros ojos revelan nuestra verdadera condición.



 

Plan de lectura semanal

de la Biblia n. 28

04 julio Job 28-29; Hechos 13:1-25

05 julio Job 30-31; Hechos 13:26-52

06 julio Job 32-33; Hechos 14

07 julio Job 34-35; Hechos 15:1-21

08 julio Job 36-37; Hechos 15:22-41

09 julio Job 38-40; Hechos 16:1-21

10 julio Job 41-42; Hechos 16:22-40


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