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  • Elpidio Pezzella

Multitudes cansadas y agotadas

Al ver las multitudes, sintió lástima por ellos, porque estaban cansados ​​y agotados como ovejas que no tienen pastor.

Mateo 9:36

El texto del Evangelio nos presenta una descripción lapidaria de la condición de las personas que seguían a Jesús en busca de esperanza: "cansados ​​y agotados". Podría traducirse "acosada y abandonada" para comprender mejor cómo se vio reducida a vivir. Privados de la felicidad y la paz, degradados por el poder político y religioso, saqueados de muchas formas, son asimilados a un rebaño sin pastor. No tienen referencia y, en consecuencia, vagan sin rumbo fijo. Es una descripción que continúa encontrando aplicación diaria en alguna latitud. Lo que desgarra un cuadro de tonos oscuros, ofreciendo ese rayo de posibilidad de mejora, es una inscripción que estigmatiza la reacción fuera de lo común de Jesús: "tuvo compasión de él".


Algunas investigaciones científicas han demostrado que la compasión puede acelerar el curso de una enfermedad, aumentar el bienestar psicofísico y reducir los niveles de estrés y los síntomas depresivos, ya que sentir este sentimiento es bueno, tanto psicológica como físicamente. No creo que estas hayan sido las motivaciones de Jesús, aunque para nosotros puedan ser un aliciente más para ponernos en seguirlo, ya que él es "cabeza y consumador de nuestra fe". Solo dejándonos inspirar por él y siguiendo su ejemplo podemos reducir la posibilidad de errores y el riesgo de fracasar. La compasión es participación genuina en el sufrimiento del otro y animó la acción del Maestro, que fue humanamente incansable. Según el relato de Mateo, recorrió “todos los pueblos y aldeas” de su territorio, “enseñando en sus sinagogas, predicando el evangelio del reino y sanando toda enfermedad y dolencia” (9:35). Frente a la multitud, Jesús se da cuenta de que la necesidad era mayor de lo que él solo podía manejar. Sin embargo, no se da por vencido, ni se desanima y ralentiza su acción: “enseña, predica y cura”, ya veces multiplica la comida.


Estos son los signos que identifican a los obreros de Dios: ayudar a conocer el evangelio, inspirar a las personas a edificar la vida sobre el evangelio, animarlos al Reino de Dios; ayuda a los enfermos a curarse de sus dolencias. Esto hizo Jesús, esto se requiere de aquellos que dicen ser su siervo. Se podría decir que todo lo demás es complementario o incluso adición humana. Ante la humanidad oprimida y abandonada, sin número e ilimitado, es necesario seguir rezando para que los patrones envíen obreros al campo y que estén animados por la compasión. La compasión significa literalmente "sufrir con". Dios no está lejos del sufrimiento de nadie, pero abraza a los que sufren. Jesús tomó nuestro sufrimiento sobre sí mismo. Cristo aparece en los Evangelios como narración y personificación de la compasión de Dios, bien expresada en la actitud del buen samaritano que, al pasar junto al herido, "lo vio y se compadeció" (Lc 10:33). Asimismo, el pastor asume el cansancio de sus ovejas y no permanece indiferente. No siendo humanamente capaz de satisfacer las necesidades de todos por sí mismo, Jesús delega a los discípulos, investiéndolos con Su autoridad. Les pide que no se dejen reprimir por la dureza de corazón, sino que se den cuenta de la necesidad de los demás y no duden en hacerla suya y, en todo caso, que nunca se les pague. He aquí entonces que la compasión no es solo un sentimiento que se impone en el corazón del hombre, sino que se convierte en elección, responsabilidad ante el grito de quien sufre.


Mientras estamos encerrados en nosotros mismos y preocupados por nuestros problemas, hay multitudes totalmente abandonadas, angustiadas por las situaciones difíciles y dolorosas de la vida, que necesitan ministros compasivos que escuchen y brinden, que estén interesados ​​en el verdadero bien, el cuidado y progreso del rebaño, aliviando la fatiga y apoyando el agotamiento. Se nos ha dado el verdadero poder: ¡el poder del Evangelio! Un "poder" que viene de Dios y del que nadie puede jactarse, ya que "habéis recibido de gracia, dad de gracia". Es necesario seguir al Señor para realizar las obras extraordinarias que realizó y ejercer ese poder que él confía en los suyos. Intentemos. Hagamos un esfuerzo.



Foto de Justine FG, www.freeimages.com


Plan de lectura semanal

de la Biblia n. 29

12 julio Salmos 4-6; Hechos 17:16-34

13 julio Salmos 7-9; Hechos 18

14 julio Salmos 10-12; Hechos 19:1-20

15 julio Salmos 13-15; Hechos 19:21-41

16 julio Salmos 16-17; Hechos 20:1-16

17 julio Salmos 18-19; Hechos 20:17-38

18 julio Salmos 20-22; Hechos 21:1-17


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