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  • Elpidio Pezzella

Luz en la oscuridad

¡Ay de los que á lo malo dicen bueno, y á lo bueno malo; que hacen de la luz tinieblas, y de las tinieblas luz; que ponen lo amargo por dulce, y lo dulce por amargo!

Isaías 5:20

Un peligro está presente detrás de la puerta, como advirtió el profeta y le recordó a Caín de Dios. Cuánta confusión sobre y alrededor de Cristo y la fe viaja en el éter y se esparce, alimentando las creencias más extrañas y terminando dando razón a quienes han optado por poner el cristianismo y la Biblia en el desván. Añádase a esto el reciente intento, por ahora dejado de lado, por parte de la Unión Europea de prohibir el uso de la palabra Navidad o nombres demasiado vinculados al cristianismo, una fe que cada vez es más aborrecible, como si se avergonzara de la propia raíces cristianas. Todo en nombre del respeto a las minorías religiosas (¡boh!), Porque Jesús no sería para todos. He aquí, pues, que a fuerza de querer incluir a unos terminamos excluyendo a otros. Contradicciones y absurdos de la política que quiere ser neutral, pero acaba volviéndose estéril. Apoyo y creo lo que dice la Biblia, que es que "Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado á su Hijo unigénito, para que todo aquel..." (Juan 3:16).


No será el último intento de oscurecer la luz de las naciones, Aquel que vino a brillar en las tinieblas y a quien muchos, como en su día, no quieren reconocer (Juan 1: 9). Un intento justo antes del período en el que luces intermitentes y multicolores rompen la lúgubre oscuridad que pronto cae en el día. Lo que se repite en las calles y en las casas en estos días es un reflejo de lo que todo ser humano lleva en su corazón. Todos, unos más y otros menos, tienen miedo de la vida que se apaga, de la luz que de repente se desvanece. Quienes ya caminaron en la oscuridad, enfrentando a los gigantes de la enfermedad y el dolor en general, los fantasmas de la soledad y la amargura, ahora que han emergido sienten la necesidad de dejarlo todo atrás. Así las luces se convierten en sinónimo de renacimiento, porque no hay persona que no quiera levantarse y empezar de nuevo. También hay quienes aún están cruzando el valle de las tinieblas y no saben si terminará y cuándo. Para él, el brillo se convierte en un estímulo amoroso para no darse por vencido, porque no hay noche que no pase y oscuridad que no se diluya. Otros, en cambio, se dejan llevar por luces falsas. Sin embargo, ninguna luz artificial podrá iluminar el alma. Aquí está entonces, hoy más que nunca, para elevar la luz de Cristo de tal manera que cada espacio (corazón, vida) pueda disfrutar de sus efectos. "Nadie pone en oculto la antorcha encendida, ni debajo del almud, sino en el candelero, para que los que entran vean la luz" (Lucas 11:33).


En mi compromiso diario encuentro continuamente corazones deseosos de alimentarse de la Escritura, personas en busca del Espíritu y necesitadas de guías honestos y temerosos de Dios, que corten correctamente (con equilibrio) la Palabra, teniendo en cuenta la advertencia del profeta Isaías. . Por eso elegí predicar el Evangelio, esa buena noticia que trae libertad al prisionero, que da vista al ciego y nuevo vigor al alma cansada. Me alejé del camino de discusiones inútiles, disputas interminables, porque el tiempo es corto y hay "ovejas perdidas" para llevar a casa. Deseo que tú, junto conmigo, puedas ser una lámpara para los demás, una de esas lámparas ardientes para los muchos viajeros de este mundo. Luca dirige el discurso sobre la luz en la habitación hacia una perspectiva que no es nada alta. "La antorcha del cuerpo es el ojo: pues si tu ojo fuere simple, también todo tu cuerpo será resplandeciente; mas si fuere malo, también tu cuerpo será tenebroso” (Lucas 11:34). ¿A dónde diriges tu mirada? Si se dirige a Dios, sus ojos iluminarán su existencia. Quien mire tu rostro reconocerá una luz particular, y serás "luz del mundo y sal de la tierra". El mismo diablo (Lucifer) era un portador de luz. Inicialmente fue un reflejo de la luz divina, luego se convirtió en la luz del engaño y la falsedad, la mentira y el delirio. Y cuando nuestra mirada se aparta del Evangelio, la oscuridad se apodera, la mirada se oscurece y estamos lejos de Dios. Que los próximos días nos devuelvan a mirar cosas que duran para siempre. Por eso, oro para que su corazón pueda ver esa luz divina que por más de dos mil años ha venido a disipar la oscuridad de la existencia y que algunos todavía quisieran cubrir. Deja que Jesús brille por encima y dentro de ti.


 

Plan de lectura semanal

de la Biblia n. 50

06 de diciembre Daniele 3-4; 1 Juan 5

07 de diciembre Daniel 5-7; 2 Juan

08 de diciembre Daniel 8-10; 3 Juan

09 de diciembre Daniel 11-12; Abajo de

10 de diciembre Oseas 1-4; Apocalipsis 1

11 de diciembre Oseas 5-8; Apocalipsis 2

12 de diciembre Oseas 9-11; Apocalipsis 3



Foto de Willem Grove, www.freeimages.com


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