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  • Elpidio Pezzella

En Cristo tenemos la victoria

No temáis, manada pequeña; porque al Padre ha placido daros el reino.

Lucas 12:32

El miedo, hijo de la duda y la ansiedad, está a la vuelta de la esquina dispuesto a atacar nuestras certezas y hacer huir la serenidad, hasta el punto de congelar nuestra fe. No faltan situaciones difíciles por diversos motivos que afrontar, y desde el corazón rodeado de ataduras, asaltado por la aspereza y alcanzado por el dolor, se eleva el grito del salmista: "Libra ahora, oh Jehová, mi alma" (Salmos 116:4). Cualquiera que sea la situación de turbación y angustia, la certeza de la obra de Cristo nos impulsa a orar confiadamente por una intervención sobrenatural, porque Dios tiene el oído atento a nuestra escucha y nos tranquiliza: "No temáis". No es sordo para los que se vuelven a Él. Por eso, sea cual sea la circunstancia, incluso cuando la extensión del dolor parezca abrumarlo, que la invocación se eleve con confianza: "Señor, libérame". La Escritura testifica claramente que Dios es misericordioso, compasivo y justo, y no apaga la mecha que humea. No permanecerá indiferente ante tu situación. Que esta meditación sea una antorcha de esperanza y aliento para todo creyente que, en todo momento y en todo lugar, se encuentra experimentando el mal en todas las formas que se presenta.


El apóstol Pablo exhortó a los corintios así: "Mas á Dios gracias, que nos da la victoria por el Señor nuestro Jesucristo" (1 Corintios 15:57). Afirmar y comprender la verdad de la victoria de Cristo es un paso fundamental para vivir bajo la bandera del Evangelio. En la muerte y resurrección de Cristo, cada creyente fue vivificado con él y ahora está sentado con él en los lugares celestiales, como está escrito en Efesios. Desafortunadamente, algunos luchan perpetuamente contra las áreas de la esclavitud, porque nunca han podido descubrir claramente quiénes son "en Cristo" y el valor del sacrificio de Jesús. El apóstol Pablo bien exhortó en el conocido "himno de la victoria": "Antes, en todas estas cosas hacemos más que vencer por medio de aquel que nos amó" (Romanos 8:37). Aunque conscientes de la proximidad constante de la muerte, y de que vivimos un viaje transitorio hacia la eternidad, a veces es difícil tener la mirada puesta en el "premio final". La victoria, de hecho, es siempre el resultado de una lucha, ¡y todavía quedan batallas por librar! Por extraño que parezca, a veces tenemos la capacidad de limitar la acción del Espíritu en nuestra vida para que Él no pueda hacer lo que le gustaría, dejándonos abrumar por el desánimo. Aquí, entonces, es que en algunas circunstancias es apropiado resistir "permanecer firmes en la fe" (1 Pedro 5: 9).


Jesús advirtió a los discípulos contra la persecución contra ellos, ya que ante las persecuciones que los golpearían habría sido posible ceder al miedo y la desesperación. Él mismo les aseguró a ellos ya nosotros: “Estas cosas os he hablado, para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción: mas confiad, yo he vencido al mundo” (Juan 16:33). Nuestra seguridad no radica en tratar de protegernos de los peligros que amenazan nuestra fe, sino en tener fe en la victoria de Cristo que nos da paz, coraje y audacia, permitiéndonos afrontar incluso las pruebas más severas. Nuestro Padre se complació en darnos el reino, y con él todo lo que necesitamos, "en virtud de Aquel que nos amó". Aunque esto pueda parecer una presunción, en la fe no hay presunción. ¿De qué sirve mendigar a Dios por algo que ya tenemos en Cristo Jesús? ¡Hagamos nuestra Su victoria y proclamemosla!



Plan de lectura semanal

de la Biblia n. 43

18 de octubre, Isaías 53-55; 2 Tesalonicenses 1

19 de octubre Isaías 56-58; 2 Tesalonicenses 2

20 de octubre Isaías 59-61; 2 Tesalonicenses 3

21 de octubre Isaías 62-64; 1 Timoteo 1

22 de octubre Isaías 65-66; 1 Timoteo 2

23 de octubre Jeremías 1-2; 1 Timoteo 3

24 de octubre Jeremías 3-5; 1 Timoteo 4


Foto de Bryan Wintersteen, www.freeimages.com

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