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  • Elpidio Pezzella

El camino de la fe

Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, á la tierra que te mostraré; Y haré de ti una nación grande, y bendecirte he, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición.

Génesis 12:1-2

Nuestros ojos y corazones están llenos de imágenes de ucranianos que huyen de los territorios de guerra. Éxodos masivos, salidas no programadas, viajes no deseados. A diferencia de los migrantes que, a pesar de no tener nada más que perder, deciden arriesgarse en un viaje de esperanza, y en consecuencia no se limitan y dejan todo atrás, lamentablemente aquí las cosas son diferentes. Mujeres y niños, ancianos, solos o acompañados en la frontera que dan la espalda a sus casas, a sus países, a su tierra, golpeados, maltratados y destruidos como Sodoma y Gomorra, con la ira y la maldad de los que atacaron Jerusalén para arrasarla al suelo. Unas cuantas mochilas al hombro, un trolley a cuestas y nada más. En cuestión de días, se vieron obligados a dejar sus vidas, rutinas diarias, trabajos y pasatiempos, amigos y vecinos, sueños y proyectos. Sin embargo, no todos han tenido éxito en la empresa. Quienes han logrado llegar a la frontera abrigan sin temor la esperanza de regresar pronto. Para nosotros, desde la distancia, sigue siendo difícil poner palabras a las escenas de terror, al miedo impreso en nuestros ojos, a los escenarios de destrucción con montones de escombros y cráteres humeantes, a las lágrimas de quienes no han hecho nada para experimentar ese drama. Es por eso que tantos (Dios los bendiga) se han lanzado a llevar ayuda, a salir al encuentro de los que van sin rumbo, porque están huyendo.


Nosotros también, en lugares más tranquilos, resguardados dentro del hogar, estamos lidiando con las consecuencias directas del evento bélico, y por lo tanto obligados a renunciar a cosas que nos hubiera gustado hacer para limitar los posibles daños, pero muy poco en comparación con quien huye de la guerra. Por otro lado, estamos haciendo otras cosas que no habíamos planeado. Como creyentes, debemos humillarnos bajo la poderosa mano del Eterno, para que nos ayude a reconocer lo bueno en lo que parecía malo, y viceversa. Ciertamente encontraremos un inconveniente en todo lo que tuvimos que renunciar, pero es solo nuestra perspectiva. Al menos para los que tienen una pizca de fe, se abren nuevas fronteras, en el "todo coopera para bien". Abraham, es cierto que enfrentó un camino diferente al nuestro, pero al partir fue desafiado a dejar amigos, parientes, su país, sus actividades por un salto a la "oscuridad". Probablemente todos tengamos el desafío de viajar en estos días para no caer presa de los miedos y las tensiones. La imaginación ciertamente puede ayudar a fantasear, pero se necesita mucho más para que la mirada no se apague. Es hora de aprender a confiar aún más en Dios, que sabe lo que hace, que ve lo que se nos oculta, que traza un camino donde no hay camino. Para convertirse en una gran nación, para ser una bendición para aquellos que lo rodearon en el tiempo, Abraham está llamado a obedecer, confiar y partir.


En el camino del crecimiento, cada uno debe tener la humilde consideración paulina de que a pesar del empeño y del esfuerzo no siempre se logra lo que se desea. Sin embargo, esto no debe producir una inmovilidad estéril. Más bien debe motivarnos a insistir y persistir. El creyente, más que nadie, nunca debe tener un comportamiento catastrófico, porque en cualquier escenario apocalíptico en el que se encuentre tiene la certeza, por la fe, de que su Dios lo lleva de la mano. “Por la fe Abraham, siendo llamado, obedeció para salir al lugar que había de recibir por heredad; y salió sin saber dónde iba” (Hebreos 11:8). Durante el camino Abraham se convierte en Abraham, de padre en padre de multitudes (Génesis 17:5), de vida proyectada sobre sí mismo a generador de otros. Creo que Dios nos está llamando a cuestionarnos para llegar a los demás oa hacer de la vida de cada uno un instrumento para bendecir a muchos, como le sucedió a José. Permítanme esperar que al menos estemos aprendiendo rápidamente que somos peregrinos, que ninguna tienda levantada e instalada aquí durará para siempre. Reflexiona y descubrirás que tu fe también está en camino. Hoy, de nuevo, vemos y entendemos sólo en parte. Llega el día en que seremos plenamente conscientes de todo lo que está pasando.


 

Plan de lectura semanal

de la Biblia n. 13

21 de marzo Josué 7-9; Lucas 1:21-38

22 de marzo Josué 10-12; Lucas 1:39-56

23 de marzo Josué 13-15; Lucas 1:57-80

24 de marzo Josué 16-18; Lucas 2:1-24

25 de marzo Josué 19-21; Lucas 2:25-52

26 de marzo Josué 22-24; Lucas 3

27 de marzo Jueces 1-3; Lucas 4:1-30

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