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  • Elpidio Pezzella

Creo en milagros

Por lo tanto no perdemos corazón; pero, aunque nuestro hombre exterior se arruine, también el interior se renueva día a día.

2 Corintios 4:16

De una forma u otra, por la propia experiencia o la de un familiar, tarde o temprano la vida nos enfrenta a una dura batalla para tener que afrontar una enfermedad. Así nos encontramos ante el diagnóstico de una enfermedad rara o de cierta gravedad, durante el cual das el fondo de toda tu fe invocando un milagro. Con el paso del tiempo, el avance de la enfermedad mina nuestras certezas y comenzamos a preguntarnos por qué Dios no obra, aun sabiendo que su voluntad es soberana y obra como quiere. El dilema permanece porque a veces el Señor sana y otras veces no. Ésta es una pregunta difícil, que puede (y debe) ser respondida con una fe honesta, capaz de reconocer que él es Dios más allá de la respuesta a nuestras oraciones. Mientras tengamos la oportunidad, oramos y creemos que Dios puede, y lo hacemos hasta el final. Pero cuando "no pasa nada" (según nuestros deseos) estamos tranquilos de que él sabe qué es lo mejor. Sin embargo, cómo no pensar en aquellos que se están gastando junto a un pariente discapacitado, paralítico, en aquellos que están dando lo mejor de sí mismos a los que necesitan ayuda... oa aquellos que ya han visto a un familiar, un amigo y no morir aún logra aceptarlo.


Ciertamente afectará nuestra creencia y lo que se nos ha impartido en términos de fe afectará nuestras acciones para bien o para mal, así como nuestras reacciones. No puedo dejar de tener en cuenta que el abandono absoluto a las posibilidades de Dios capaz de garantizar curaciones milagrosas ha dado lugar a formas de extremismo bastante cuestionables y en algunos casos deletéreos: pensemos en la aversión a cualquier tratamiento médico en el tratamiento de las enfermedades. o la insistencia fuera de lugar en la búsqueda de curaciones milagrosas a toda costa. El panorama de la fe está plagado de predicadores autodenominados, que argumentan que detrás de cada dolencia siempre hay una realidad espiritual, negando con el jamón en los ojos que aunque algunas dolencias se originen en situaciones de pecado (pensemos en las dolencias derivadas del abuso y adicciones misceláneas), otras son hijas de nuestra perversa acción. Por ello, hay quienes ven la enfermedad como una forma de maldición o castigo divino, ignorando los sufrimientos sufridos por quienes desde los orígenes nos precedieron en el camino de la fe.


Puede sonar cruel, pero como ya se ha hecho en otros lugares, no dudo en admitir que Dios no siempre sana. Sí, creo en los milagros, siempre he creído en las promesas de la Biblia, de lo contrario no sería un creyente bíblico. Pero trato de ser objetivo. Creo que Dios escucha nuestras oraciones (¡siempre!), Pero que usa la estufa de la aflicción a su discreción para refinarnos más allá de nuestro entendimiento. No me pidas explicaciones al respecto, ¡no tengo ninguna! Sin embargo, él es Dios. ¿Quién soy yo para interrogarlo sobre sus acciones? Sólo uno de los muchos que pasa por aquí, "prestado a este mundo", como le gustaba declarar un querido ministro del Evangelio. Ben animó al apóstol Pablo a los Corintios. Desafortunadamente, la verdad es que luchamos por darnos cuenta de que nuestro objetivo es el cielo. Declaramos que Jesús se adelantó a prepararnos un lugar para recibirnos, que derramó su sangre para que pudiéramos recibir la salvación y la vida eterna, pero luego queremos a toda costa y en todos los sentidos prolongar nuestro camino terrenal como peregrinos. Aquí, si el exterior se arruina, debemos asegurarnos de que el interior se renueve y se prepare para el gran día.


Si estás atravesando la avenida de la enfermedad en circunstancias más o menos similares y sientes el fuego de la aflicción, te aconsejo amorosamente que no trates de entender por qué ni cómo. No será lo mejor para algunos, pero quién sabe que no debemos aprender de Pablo, aunque sea con dificultad y con el tiempo, a reconocer que a veces su gracia nos basta (2 Corintios 12: 9).


(Extracto de la introducción de mi próximo libro "Creo en los milagros", BE Edizioni)



Plan de lectura semanal

de la Biblia n. 37

06 septiembre Salmos 148-150; 1 Corintios 15:29-58

07 septiembre Proverbios 1-2; 1 Corintios 16

08 septiembre Proverbios 3-5; 2 Corintios 1

09 septiembre Proverbios 6-7; 2 Corintios 2

10 septiembre Proverbios 8-9; 2 Corinto 3

11 septiembre Proverbios 10-12; 2 Corintios 4

12 septiembre Proverbios 13-15; 2 Corintios 5


Foto di Piotr Lewandowski, www.freeimages.com

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