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  • Elpidio Pezzella

Cómo morar en la tienda del Señor

Señor, ¿quién habitará en tu tienda? ¿Quién vivirá en tu santo monte?

Salmos 15:1

Esta semana deseo preguntarle al salmista sobre quién podrá acercarse al Señor, entrar en Su presencia. Y si cabe esperar la primera respuesta, lo siguiente nos hace reflexionar: "El que anda impecablemente y hace lo recto, y dice la verdad como lo hace en su corazón, el que no calumnia con la lengua, no hace daño a nadie". su compañero, y no lastima a su prójimo”(Salmos 15:2-3). Caminar sin problemas y hacer lo correcto no es suficiente. De hecho, lo que dice nuestra boca tiene un gran peso en la relación con Dios. Leemos de "decir la verdad", "no calumniar" y "no insultar", simplemente porque lo que sale de la boca proviene del corazón. Las palabras son la continuación de nuestros pensamientos que, a su vez, suscitan otras reflexiones, asociaciones de ideas y emociones, en función de la percepción que tenemos de ellas. Con palabras podemos consolar o hacer sufrir a la gente, podemos engañar o desilusionar, podemos animar o incluso abofetear. Levante o apriete. Aligera o pesa. Comprender que tenemos tal potencial debería ayudarnos a limitar los errores y sus consecuencias, porque si algunas palabras pueden revivir, otras pueden doler como puñaladas. De hecho, se habla de la lengua como una espada, y cuando se bifurca, su hoja es particularmente peligrosa.


Aprender a sopesar palabras, qué tarea desalentadora. Cuántas veces nos lo hemos prometido, y cuántas más lo hemos pedido, pero puntualmente sin el resultado esperado. Cualquiera, al menos una vez en su vida, le habrá dicho algo dañino a alguien, y no se dice que fue a sabiendas. Estamos tan invadidos por la convicción de que la perfección vive en nosotros, que ya no prestamos la menor atención a dirigirnos a nuestro prójimo con palabras “peligrosas”. Creo que aprender a dominar el idioma siempre será rentable. Evitaremos hacer daño, evitaremos atraer juicios. El apóstol Pablo debe haber conocido bien su potencial al exhortar a los de Éfeso: “No salga de vuestra boca mala palabra; pero si tienes uno bueno, que edifiques según la necesidad, dilo para que dé gracia a los que lo escuchen" (Efesios 4:29). Dios nos ayude a reconocer cuando tenemos una buena palabra y solo entonces a pronunciarla. Al mismo tiempo, debemos aprender a abrir la boca para ejercer la fe y, por tanto, a confesar la verdad de la Palabra, a declarar la fidelidad de Dios, su amor, su poder.


Santiago también debe haber tenido buenas razones a este respecto, ya que escribe: "Aun la lengua es un fuego, es el mundo de la iniquidad. Colocada como está entre nuestros miembros, la lengua contamina todo el cuerpo, inflama el curso de la vida y es inflamada por el Gehena" (3:6). El apóstol habla de iniquidad porque toda la iniquidad concebible puede encerrarse en ella. Baste reflexionar que Jesús fue condenado a muerte por haber sido acusado injustamente de haber blasfemado el nombre de Dios y terminó en la cruz porque una multitud pronunció un nombre, Barrabás. ¿Quién sabe cuántas veces nos han herido las palabras? Atributos o adjetivos que no correspondían a nuestro ser o actuar, que nos conmovieron profundamente. Así hemos aprendido que el dicho de que las palabras quitan el viento no es cierto. De hecho, son las palabras las que traen viento y vientos tormentosos. Mientras nos esforzamos por mantenerlo bajo control, cito las palabras pastorales de Agustín: “Por tanto, queridos amigos, entendamos que, si nadie puede domar el idioma, debemos recurrir a Dios para domesticar nuestro idioma. De hecho, si quieres domesticarlo, no lo conseguirás, porque eres un hombre. Ningún hombre puede domar la lengua. ... Por tanto, se debe buscar a Dios para que el hombre sea domesticado. ... Sometámonos a él e imploremos su misericordia. En él ponemos nuestra esperanza y hasta que estemos domesticados, completamente domesticados, es decir, hasta que nos perfeccionemos, llevamos su mano que nos domestica” (Discurso 55).



Plan de lectura semanal

de la Biblia n. 34

16 de agosto Salmos 94-96; Romanos 15:14-33

17 de agosto Salmos 97-99; Romanos 16

18 de agosto Salmos 100-102; 1 Corintios 1

19 de agosto Salmos 103-104; 1 Corintios 2

20 de agosto Salmos 105-106; 1 Corintios 3

21 de agosto Salmos 107-109; 1 Corintios 4

22 de agosto Salmos 110-112; 1 Corintios 5



Photo de G Schouten de Jel, www.freeimages.com

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